sábado, 18 de febrero de 2012

"Mateo 7:7."

Imagen: Averga. Créditos al autor.

"El sueño se desvaneció.

Paul se despertó en el tibio lecho y pensó... pensó. Aquel mundo de Castel Caladan, donde no tenía juegos ni compañeros de su edad, quizá no mereciera la menor tristeza. El doctor Yueh, su preceptor, le había dado a entender de forma ocasional que el sistema de castas de los faufreluches no era tan rígido en Arrakis. En el planeta había gente que vivía al borde del desierto sin un caid o un bashar que la gobernase: los llamados Fremen, elusivos como el viento del desierto, que ni siquiera figuraban en los censos de los Registros Imperiales.

Arrakis... Dune... el Planeta del Desierto.

Paul sintió sus propias tensiones y decidió practicar uno de los ejercicios corporales-mentales que le había enseñado su madre. Tres rápidas inspiraciones desencadenaron las respuestas: entró en estado de percepción flotante... ajustó su conciencia... dilatación aórtica... alejamiento de todo mecanismo no focalizado... concienciación deliberada... enriquecimiento de la sangre e irrigación de las regiones sobrecargadas... nadie obtiene alimento-seguridad-libertad sólo con el instinto... La consciencia animal no se extiende más allá de un momento dado, como tampoco admite la posibilidad de la extinción de sus victimas... el animal destruye y no produce... los placeres animales permanecen encerrados en el nivel de las sensaciones sin alcanzar la percepción... el ser humano necesita una escala graduada a través de la cual poder ver el universo... una consciencia selectivamente focalizada, esto forma su escala... La integridad del cuerpo depende del flujo nervioso-sanguíneo, sensible a las necesidades de cada una de las células... todos los seres/células/cosas son no permanentes... todo lucha para mantener el flujo de la permanencia...

La lección pasó y pasó a través de la flotante consciencia de Paul."

"Dune." - Frank Herbert.

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