domingo, 18 de diciembre de 2011

"Templanza."

Imagen: Bueno. Créditos al autor.

"Una palabra o dos sobre este asunto de la piel o grasa de la ballena. Ya se ha dicho que se le arranca en largas piezas, llamadas «piezas de cobertor». Como muchos términos marítimos, éste es muy afortunado y significativo. Pues la ballena, en efecto, está arropada en su grasa como en una auténtica manta o colcha; o, mejor aún, como en un poncho indio echado por la cabeza y que le rodea como una falda su extremidad. Por causa de este caliente arropamiento de su cuerpo, la ballena es capaz de mantenerse a gusto en todos los climas, en todos los mares, tiempos y mareas. ¿Qué sería de una ballena de Groenlandia, digamos, en esos mares helados y estremecedores del norte, si no estuviera provista de su caliente sobretodo? Verdad es que se encuentran otros peces muy vivaces en esas aguas hiperbóreas, pero ésos, ha de observarse, son los otros peces, de sangre fría y sin pulmones, cuyas mismísimas barrigas son refrigeradores; criaturas que se calientan al socaire de un iceberg, como un viajero invernal que se calentara ante el fuego de una posada; mientras que la ballena, como el hombre, tiene pulmones y sangre caliente. Heladle la sangre, y se muere. Qué maravilloso es entonces -salvo después de la explicación- que ese gran monstruo, para quien el calor corporal es tan indispensable como para el hombre; qué maravilloso es, digo, que se encuentre en su casa sumergido hasta los labios en esas aguas árticas, donde, cuando los marineros caen por la borda se les encuentra a veces, meses después, congelados verticalmente en el corazón de campos de hielo, igual que se encuentra una mosca presa en el ámbar. Pero más sorprendente es saber, como se ha probado por experiencia, que la sangre de una ballena polar es más caliente que la de un negro de Borneo en verano.

A mí me parece que aquí vemos la rara virtud de una fuerte vitalidad individual, y la rara virtud de unas paredes gruesas, y la rara virtud de la espaciosidad interior. ¡Oh, hombre, admira a la ballena y tómala por modelo! Permanece también tú caliente entre el hielo. Tú también vives en este mundo sin ser de él. Quédate frío en el ecuador; mantén fluida tu sangre en el Polo. Como la gran cúpula de San Pedro, y como la gran ballena, conserva, ¡oh, hombre!, en todas las estaciones una temperatura propia."

"Moby Dick". - Herman Melville.

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